A partir de sus avistajes, desde lanchas o drones, se recopilan datos fundamentales sobre diferentes aspectos de su biología. En particular, del análisis de las fotografías colectadas en cada avistaje se analiza el patrón de callosidades que las ballenas francas tienen en su cabeza, el cual se mantiene a lo largo de toda su vida y brinda a los investigadores la oportunidad de discriminar ballenas entre sí, individualizándolas.
De esta forma podemos estudiar sus necesidades y conocer, año tras año, sus historias de vida; información clave para desarrollar estrategias que permitan el turismo sustentable y que por sobre todo aseguren su conservación y la de su hábitat.
Dar el primer paso para que este proyecto de investigación -de gran importancia para la conservación de la especie- se conozca y cuente activamente con la participación de la comunidad. Recordemos que la ballena franca austral fue declarada en el año 1984 ‘’Monumento Natural Nacional’’, lo que significa que es una especie que cuenta con la máxima categoría de protección a nivel nacional. Su preservación depende de todos.
Asignarle un nombre único y original a cada ballena que quedará registrado junto con su foto en el catálogo de fotoidentificación que estamos construyendo en el marco del proyecto.
Agilizar la búsqueda de información de una determinada ballena en nuestra base de datos de una manera más sencilla a partir de su nombre.
ELEGÍ Y DALE NOMBRE
Las ballenas francas presentan en su cabeza numerosas callosidades (parches engrosados de la piel), que son colonizadas al nacer por crustáceos ectoparásitos llamados ciámidos o “piojos de ballena”, que se prenden a las callosidades a través de sus apéndices. Cada ballena posee un patrón de callosidades único que no varía con los años, lo cual permite identificarlas. M0390 presenta un patrón llamativo y bonito, con callosidades grandes y robustas que contrastan con el color negro de su piel.
Además del patrón de callosidades, también pueden utilizarse otros caracteres morfológicos para identificar a las ballenas francas. La cicatriz de color blanco que tiene esta ballena en la parte media de su mandíbula superior permite diferenciarla fácilmente de otros ejemplares. Se cree que esta herida pudo haber sido causada al enredarse la ballena con alguna red o algún cabo.
Algunas ballenas tienen manchas blancas que pueden ubicarse tanto en la región ventral como dorsal de su cuerpo; su posición y forma pueden ayudar a identificarlas. Esta ballena se caracteriza por la presencia de una mancha ubicada en su lomo. Aunque el tamaño y la forma de estas manchas suelen ser irregulares, en este caso llama la atención su parecido con el mapa de Argentina, ¡incluso se distingue el contorno de Tierra del Fuego!
Otro rasgo morfológico que permite identificar a las distintas ballenas francas es la coloración de su piel. Si bien su coloración suele ser oscura, se han reportado distintos patrones con variaciones que van desde completamente negra hasta parcialmente gris. Esta ballena se distingue por un patrón de coloración poco habitual; presenta manchas de color gris oscuro que contrastan sobre una base gris más clara, lo que le da un aspecto “marmolado” muy particular.
La ballena franca austral habita aguas templadas y subpolares del hemisferio sur. En Argentina, el Golfo San Matías es una de las zonas que la especie está volviendo a ocupar como parte de su proceso de recuperación, luego de haber sido intensamente explotada en el pasado. En 1984, Argentina declaró a la ballena franca austral como Monumento Natural Nacional, en un esfuerzo por proteger la especie y revertir el impacto de la caza comercial que la llevó al borde de la extinción. Esta ballena, con un bonete cuya forma recuerda a la silueta de un mate, lleva grabado en su piel un símbolo de identidad nacional. La presencia hasta hoy en día de la especie en nuestras costas representa no solo una historia de éxito en conservación, sino también un símbolo de la riqueza natural y cultural de nuestro país.
Esta ballena fue por primera vez avistada en la Bahía San Antonio con su cría 2022. Al parecer la bahía le gustó, porque en julio de este año volvió a visitarnos, acompañada esta vez por otra cría. Las hembras alcanzan su madurez sexual entre los ocho y nueve años de edad. A partir de entonces, suelen tener una cría cada tres años, en un ciclo que incluye 12 meses de gestación, 12 meses de lactancia y un año adicional para recuperar su condición corporal antes de volver a reproducirse. Esta ballena es el primer registro en la bahía de una madre que regresa con una nueva cría después de ese intervalo de tres años.
Esta cría fue registrada por primera vez en la Bahía San Antonio el 18 de julio de 2024 cuando todavía era muy pequeña. El tamaño en su primer registro nos lleva a pensar que probablemente haya nacido alrededor de esa fecha, en la zona aledaña a la bahía. Durante el primer año de vida de las ballenas, la cría permanece junto a su madre y se alimenta de su leche. Esta cría blanquecina permaneció en la bahía junto a su madre durante varios días; su último avistamiento fue a principios de octubre. Gracias a este especial registro, pudimos presenciar el crecimiento de esta ballena durante sus primeros meses de vida.
Esta ballena es una madre que visitó la bahía en el 2024 acompañada de su cría blanquita. Durante los meses de invierno-primavera, la ballena franca austral migra desde sus zonas de alimentación en aguas abiertas, hacia zonas costeras para aparearse, parir y amamantar a sus crías. Durante estos meses, las madres lactantes disminuyen en gran proporción su volumen corporal, ya que durante este período no se alimentan, sino que se abastecen de sus reservas energéticas. Las crías no podrían sobrevivir sin sus mamás; su supervivencia en los primeros meses de vida depende de la capacidad de la madre de sostener con su reserva energética la vida de ambos durante meses en el mar.
Registrada por primera vez el 1° de julio de 2024, esta ballena logró conquistar el corazón de muchas de las personas que pudieron avistarla. Se destaca por mostrar un carácter muy receptivo frente a las embarcaciones turísticas. El comportamiento pasivo y curioso es común en las ballenas francas y constituye uno de los rasgos característicos de la especie. La presencia de esta ballena acompañó varios de los avistajes de turismo realizados en la Bahía San Antonio, hasta su último registro en septiembre del año pasado.
La mañana del 15 de junio del 2024 se encontró a esta ballena varada en la zona de banco reparo, en Las Grutas. Inmediatamente luego de haber sido encontrada, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Comahue y del Conicet, junto con guardas ambientales de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro, personal de la Prefectura Naval Argentina y agentes de turismo, acudieron al lugar para asistirla durante el tiempo que duró la marea baja. Gracias al esfuerzo conjunto de este grupo de colaboradores, al subir la marea la ballena pudo regresar nuevamente a navegar libremente por el mar.
Conocé los nombres elegidos de las ballenas que bautizamos en 2022, miralas acá y en 2023, miralas acá.
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Mirar atentamente cada una de las fotos y conocer la historia de las 10 ballenas que queremos asignarle un nombre.
Desde el año 2019 investigadores de la Escuela Superior de Ciencias Marinas – Universidad Nacional del Comahue, el Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos ‘’Almirante Storni’’ y la Fundación Azara se encuentran trabajando en la construcción del catálogo de fotoidentificación de Ballena franca austral (Eubalaena australis) del Golfo San Matías.
La fotoidentificación es un método no invasivo desarrollado por el Dr. Roger Payne en los años 70, quién observó que los patrones de callosidades presentes en la región cefálica de las ballenas francas se mantienen constantes a lo largo de los años. Las variaciones en la forma y tamaño de las diferentes callosidades y sus posibles combinaciones permiten el reconocimiento individual de los animales, así como las huellas dactilares en los humanos.
Te contamos quienes integran este proyecto:
Dra. Magdalena Arias - Investigadora y Directora del proyecto de fotoidentificación de ballenas francas del Golfo San Matías (Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos "Almirante Storni" - CONICET, Facultad de Ciencias Marinas - Universidad Nacional del Comahue).
Dr. Raúl González - Investigador y Codirector del proyecto de fotoidentificación de ballenas francas del Golfo San Matías (Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos "Almirante Storni" - CONICET, Facultad de Ciencias Marinas - Universidad Nacional del Comahue).
Dr. Enrique Crespo - Investigador y Codirector del proyecto de fotoidentificación de ballenas francas del Golfo San Matías (Laboratorio de Mamíferos Marinos, Centro para el estudio de Sistemas Marinos Centro Nacional Patagónico - CONICET).
Carla Marino, Daniela Cabrera y Sofia Harmacij - Estudiantes de la Licenciatura en Biología Marina en la Facultad de Ciencias Marinas - Universidad Nacional del Comahue y voluntarias del proyecto de fotoidentificación de ballenas francas del Golfo San Matías.
Agustín Baraschi, Sebastián Leal, Lic. Nicolás Cetra, Candela Fernández, Franco Dorini, Jose Seitune y Maximiliano Cartes - Fotografía y logística del proyecto de fotoidentificación de ballenas francas del Golfo San Matías.